
TRES MIRADAS DE LA CIUDAD EXHIBE LA SALA MENDOZA
Un nuevo proyecto expositivo en torno a la ciudad, presentará la Sala Mendoza en su sede en la UNIMET, desde el sábado 19 de septiembre a las 7:00 p.m., hasta el domingo 25 de octubre, donde convivirán las obras de tres artistas venezolanos a través de tres muestras individuales: Caracas Espectral de Cipriano Martínez, Panoramas: El Espectáculo del Paisaje de Gerardo Rojas, y Artefacto, Ciudad Portátil de Carolina Siefken.
Fundamentado en una especulación plástica que reflexiona sobre las transformaciones a las que se ha sometido el tejido urbano desde la segunda mitad del siglo XX, Cipriano Martínez presenta en la muestra Caracas Espectral, un conjunto de óleos en los cuales proyecta caóticas tramas de una ciudad como Caracas, que al igual que muchas otras urbes latinoamericanas, alcanzó un pujante y contradictorio progreso urbanístico, generando el crecimiento de desarrollos espontáneos que finalmente se tradujeron en una ciudad colapsada en sus diversas redes públicas y sistemas económicos.

En la propuesta de este artista, previamente procesada en el computador a partir del registro fotográfico, se intersectan los barrios de la periferia urbana con los conglomerados de construcciones formales que, vistos a gran escala, se presentan a modo de patrón geométrico ordenado con una “textura” específica que proviene de la descomposición espectral de la imagen
Nacido en Caracas y radicado en Londres (Inglaterra), Cipriano Martínez posee una sólida formación que incluye la Licenciatura en Artes del Instituto Armando Reverón de Caracas, Venezuela (1991-1996); Maestría en Arte en UPEL, Caracas, Venezuela (1994-1998), y Maestría en Arte en el Chelsea College of Arts & Design, London UK (1999-2000). Ha exhibido su obra en importantes salas de país, así como en Inglaterra y España.
Durante los últimos años ha centrado su trabajo en los conceptos derivados del paisaje urbano, tal como se pudo apreciar en la serie Situación Naranja, un conjunto de intervenciones sobre tela reflectiva, con la que obtuvo mención especial en el Premio Mendoza de 2003; así como más recientemente en las series de Ruinas y Cerros, en las que se utilizan las estructuras reticulares sin abandonar del todo las referencias al objeto representado; en Ordenamientos, donde se señala el orden dentro del caos, y la contención frente a la dispersión; o en Dislocaciones, su última serie, donde las estructuras colapsables rompen con la noción del orden cartesiano para construir una metáfora del espacio urbano y de su constante proceso de mutabilidad.


Caracas inspira pasiones de arte
"Tres miradas de la ciudad" se presenta desde mañana en la Sala Mendoza
Martínez muestra "Caracas Espectral" (Nicola Rocco)
Caracas es una ciudad incansable, una ciudad de cambios drásticos, una ciudad que no conoce de calma. Fuente de inspiración constante, la capital siempre, lo quiera o no, da de qué hablar. Y desde mañana, a las 7:00 pm, en la muestra Tres miradas de la ciudad, en la Sala Mendoza, un trío de artistas mostrará su pedacito de Caracas: la caótica, la de grandes estructuras modernas, la que regala oportunidades de cambio.
El pintor Cipriano Martínez (Caracas, 1965) mira una ciudad en pixeles, en retículas ortogonales, en transición. Él ve una Caracas posmoderna que nunca dejó el modernismo; que entró al siglo XXI con una arquitectura de los años 50. Observa un valle caótico, que no fue planificado, que sigue inconcluso. Así es la ciudad que Martínez presenta con Caracas Espectral, a través de un conjunto de óleos.
"Caracas es una ciudad difícil de interpretar. Soy un pintor y no veo la pintura sin la fotografía. Lo que está aquí son imágenes prestadas de fotografías mías o de otras personas. Por eso el mostrar las telas con píxeles es una estrategia de trabajo para poder aproximarme a aquello que es intangible. Es lo caótico del contexto caraqueño cargado de racionalidad, aunque entre ambos exista una suerte de brecha. Es como ponerte unos lentes fuera de foto y organizar todo lo que allí ves", dice.
Entre el caos, la Caracas de Carolina Siefken (Bogotá, 1975) es reciclable. Es en las calles donde la artista consigue la materia prima para sus diseños. Allí se topa con tripas de cauchos, tapas y envases plásticos que no son reutilizables por muchas personas. Con ellos realiza collares, carteras, pulseras, estuches para lentes, cojines, lamparas, morrales, zarcillos y cinturones. Y en todos está presenta Caracas: sus edificios, sus casas, sus ranchos, sus luces y su oscuridad.
"¿Te has puesto a pensar qué cantidad de cosas utilizamos y después no sabemos qué hacer con ellas? Son demasiadas. En Venezuela nadie recicla la tripa del caucho. Por eso decidí crear piezas utilitarias, pero que tuvieran un carácter expositivo. Por eso, no altero mucho el estado de las piezas. Si la tripa tiene códigos o parches, se los dejo. Y el trabajo de diseño es realmente libre, sólo pienso en esos grandes edificios que tenemos o en esas pequeñas casas y allí las plasmo", dice la artista, quien además tendrá a la venta todos sus diseños, pertenecientes a la exposición Artefacto. Ciudad Portátil.
Gerardo Rojas, en cambio, mira hacia una Caracas que recupera el olvido. Como arquitecto, el artista recoge en imágenes fotográficas hasta los detalles más minúsculos de edificación de gran relevancia para la ciudad. Estructuras que han sido olvidadas, discriminadas por los ciudadanos que un día se jactaban de su importancia.
En Panoramas: El espectáculo del paisaje, el artista se vale de la manipulación de imágenes digitales para superponer fotografías que recreen, en esta ocasión, los bloques de 23 de Enero, y algunas barriadas populares de Caracas. Una sola gran foto puede estar constituida por 147 imágenes. Para él los detalles de la ciudad capital es lo más importante.
"Lo que verán aquí es parte de mi Caracas. Son construcciones que seguramente forman parte de nuestra identidad o que se manifiesta en lo que hemos sido como ciudadanos. Pero para mí están al borde de la muerte, de su fin. Lugares que están en transformación y deformación. Es algo muy nostálgico, pues significa una realidad bien cercana a lo que vivimos. A través de estas imágenes realizo una crítica a la condición clásica de bienestar. Para mí esto es más que todo un trabajo fotográfico que una fotografía", afirma Gerardo Rojas, quien junto con Martínez y Siefken exponen desde mañana en el edifico Eugenio Mendoza Goiticoa de la Universidad Metropolitana.
Dubraska Falcón EL UNIVERSAL
Cipriano Martínez: Soñando el mapa
ArtNexus No60 Volumen 5 Ano2006
La preocupación por lo múltiples aspectos que hacen parte del amplísimo universo cifrado por la cartografía, resulta una constante en una zona bien extendida del hacer estético contemporáneo. La falta de orden, la desproporcionalidad en la distribución de los recursos y su “abusado uso”, así como la anarquía de falsos modelos globales donde los centros hegemónicos, metropolitanos y europeos continúan siendo los enclaves emisores de discursos, ha impulsado al artista actual a pensar sobre la legitimidad, autoridad, pertinencia y sentido del mapa. ¿Para qué sirven los mapas? –se pregunta casi todos-, si desde luego las fronteras físicas son vulneradas por acciones bélicas obtusas, frentes retóricos abiertamente sospechosos y gestos presuntamente diplomáticos que tras la falacia de lo multicultural siguen haciendo una instrumentación interesada del concepto de alteridad, en tanto este último se revela como muy rentable, dado el tipo de transacción y mercadeo al que se exponga. Esta situación, común a muchas poéticas, adquiere una notoriedad distinta cuando hablamos de artistas provenientes de regiones geo-culturales que irrumpieron en la Modernidad (europea-ilustrada y occidental), bajo el signo rector de lo periférico y lo marginal. Algo que hasta el presente ha supuesto una gran ventaja de cara a la lectura vejatoria y al control de la voz.
Los artistas latinoamericanos, excepto aquellos que le aseguran al método del préstamo y a la puesta en escena de los modelos foráneos, la tan ansiada llegada al éxito (o, al menos, a lo que en esas circunstancias se entiende por tal), han buscado siempre la manera de cuestionarse el orden y destino de su cultura cuando los textos fundacionales de la misma han estado redactados con el pulso autoritario del que vino de lejos. En este sentido y con la duda como método, la recurrencia a la cartografía, a su velado ejercicio de poder en la disposición y ordenamiento no sólo del mundo sino de las acciones mismas del pensar, se convierte en pretexto para un sin número de reflexiones que exceden incluso los límites mismos del mapa en cuestión. Todo pareciera indicar que es ésta la motivación idéica que orquesta la última muestra del artista de origen venezolano, radicado en Londres, Cipriano Martínez. Su más reciente exposición en la sala Pagès Espai D’Art en Barcelona, ha resultado ser un gran trazado cartográfico en el que los manejos ambiguos de la representación, centran la incertidumbre respecto a cualquier criterio de verdad, de fiabilidad y de autenticidad respecto a la historia que cuentan las infinitas bifurcaciones y yuxtaposiciones cruzadas que relatan los mapas.
Compuesta por diecinueve piezas, todas de naturaleza pictórica pero con modulaciones diferenciadas en el tratamiento del soporte, y organizadas según el criterio que definen tres grandes series, ésta exposición –en apariencias simple y puramente hedonista- encubría la trampa de la sagacidad y el nervio. Cada obra sigue una lógica interna donde las polaridades binómicos en base al esquema cartesiano del orden como oposición al caos, quedan asentadas y nunca resueltas. En cualquier caso, y en esta propuesta en particular, el par binómico orden/caos no queda expresado como una oposición sensu strictus. Cipriano es un artista de saberes, y de saberes que apuntan al don de un pensamiento abstracto y relacional, algo que en última instancia le habilita para ser un intérprete de situaciones que no permiten el culto al dogma y sí a la gracia de las ideas.
Siendo así, sus obras expuestas, agrupadas en las series: Ordenamientos: Mapa I y II, Pesadillas Naranjas y Derrames y Metástasis, escapan al esquematismo incluso de la representación como criterio de verdad. Cuestionan, a su modo, la objetividad del mundo, la ceguera mediocre en las cartografías mayúsculas a partir de visualizaciones de un presunto orden donde hay mucho de abstracción y de fuga, de deseo de puridad pero también desenfreno cauto. Es por esta razón que las abstracciones de Cipriano cuyo posible referente de identificación sea acaso el falso mapa, no son víctimas ellas mismas de lo anecdótico y de la descripción, en tanto ansían convertirse en metáforas de procesos mentales, culturales y, si se quiere, hasta de naturaleza fisiológica (con todo lo que de filosofía tenga esto). Motivos entonces por lo que algunos críticos han querido ver en sus trazados de manchas, de accidentes, de caos ordenado o semi-ordenado, asociaciones infinitas con el interior del cuerpo, el mundo casi mágico de los líquidos y fluidos intersticiales que rondan por los recodos inescrutables de la anatomía.
Tejidos, nervaduras, proyecciones mentales que prefiguran engañosas ideas de posibles cartografías, son algunos de los recursos de los que se sirve Cipriano para dibujar un paisaje –valga a bien el término- donde el espectador es presa de sus prejuicios. Nadie accede a la obra de Cipriano desde el goce limpio de la mirada. Todos actúan bajo el prejuicio favorable de que el arte siempre quiere decir algo, que detrás de su superficie, a veces tórrida o inmaculada, se esconde un tipo de verdad que ha de ser descubierta, que ha de ser nombrada, porque la falta de nombre confunde, atormenta, desquicia la razón pura.
El engaño, la falsedad del mundo de afuera, de sus circunstancias, la mentira sobre el arte mismo considerado un mecanismo de reflejo, de intervención en la conciencia, la realidad de un horizonte perceptivo que cada vez se hace más inasible y menos aprehensible a tenor de los más rancios procesos de percepción, actúan –sin dudas- como vectores reflexivos que estimulan las retículas infinitas de este artista. Todas las obras presentadas en esta muestra bajo el título El orden desde dentro, tienen un elemento en común y es el uso de la ambigüedad como estadio perenne de la duda. La representación… ¿quién se acuerda lo que se ha dicho sobre eso que algunas teoría llaman representación…? La duda, siempre ésta, y en su lugar su deseo, hace sucumbir a la razón, sencillamente la asfixian.
Andrés Isaac Santana.

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Solo Show Cipriano Martínez
Issue #60 Mar - Apr 2006
An interest in the many facets of cartography can be seen in much contemporary art. The lack of order, the disproportionate use and abuse of resources, and the anarchy of faulty global models in which hegemonic metropolitan and European centers are the only producers of discourse have prompted artists to think about the legitimacy, authority, pertinence, and meaning of the map. Almost everybody wonders what maps are for, if physical borders are broken by obtuse military actions, openly suspicious rhetorical fronts, and presumptively diplomatic gestures that employ the concept of Otherness behind a false multiculturalism, inasmuch as it is greatly profitable, given the kind of marketing to which it is subjected.
Latin American artists, except for those that find borrowing and staging foreign models a guarantee for success, have always searched for ways to question the order and destiny of their culture, from when the fundamental cultural texts were written with authority by those who came from afar. In that sense, cartography and its veiled exercise of power through the arrangement not only of the world but of thought itself becomes the pretext for a large number of investigations that go beyond even the borders of the map in question. It seems that this motivated the most recent show of works by the London-based Venezuelan artist Cipriano Martínez. His exhibition at Pagès Espai D’art in Barcelona was a large cartographic trace in which his ambiguous use of representation revealed an uncertainty regarding any criteria for truth, trustworthiness, and authenticity in the story told by the infinite bifurcations and juxtapositions found in maps. .
Composed of nineteen works, all pictorial in nature but with different treatments of the support, this show disguised a trap of sagacity and nerve. Each work followed an internal logic where polarities of Cartesian order and chaos were established and never resolved. At any rate, and in this particular proposal, the duality of order/chaos was not expressed as an opposition in the strictest sense. Cipriano Martínez is an artist of knowledge, and some of this knowledge lends a gift for abstract and relative thinking. .
The works on exhibit, collected in the series Ordenamientos: Mapa I y II, Pesadillas Naranjas, and Derrames y Metástasis, escaped any schematism, even of representation as a criteria for truth. Visualizing an alleged order with abstraction, a desire for purity, and a loosening of restraint, they questioned the objectivity of the world and the blindness of conventional cartography. Martínez’s abstractions, which may refer to false maps, are not victims of the anecdotal and of description, inasmuch as they aspire to become metaphors of mental, cultural, and even physiological processes. It is because of this that some critics have wanted to find—in his splattered accidents, in his ordered or semi-ordered chaos—associations with the interior of the body, the almost magical world of interstitial fluids that meander through the inscrutable corners of our anatomy. .
Weavings, patterns of nerves, mental projections prefiguring misleading ideas of possible maps—these are some of the resources Cipriano Martínez uses to draw a landscape. Nobody can encounter his work with an innocent gaze. All have the favorable prejudice that art always means something, because the lack of a name confounds, torments, and unhinges pure reason. .
Martínez’s work implies the falseness of the external world and its circumstances, the lie about art as a reflection and as a mechanism that interrupts consciousness, and the reality of a perceptual horizon that grows increasingly impossible to comprehend. All the works presented in this show, under the title “El orden desde dentro,” have a common element. It is the use of ambiguity to represent a perennial stage of doubt. Who remembers what has been said about that which some theories call representation? Doubt—and in its place a craving for doubt—defeats reason, simply smothering it. | |
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